domingo, 9 de diciembre de 2018

A tí madre!



Hace ya un año! Y es curiosa la mezcla entre la sensación de que fue ayer, y la de que hace ya una eternidad...
Es demasiada ausencia, demasiada orfandad a la que acostumbrarse.
Tengo la carga y la pena de no haber estado tomando tu mano cuando exhalaste tu último suspiro, como cuando lo hizo padre. ¡Es tan reconfortante, dentro del indescriptible dolor, la sensación de haber estado ahí! De saber que fueron mis ojos lo último que vieron los vuestros...
He vuelto y seguiré volviendo por casa. Y es doloroso ver como es cada vez menos casa aquella que con tanto esmero, y a pesar de tus limitaciones, cuidabas... Y cada vez que planeo volver, me imagino llegando a la puerta de la cocina, y encontrándote allí, al lado de la ventana, aprovechando los últimos rayos de luz, casi a oscuras, haciendo tus sopas de letras. Me imagino tu cara de alegría y sorpresa al verme aparecer, tu abrazo, tu olor, tu ternura... Y me imagino también como en media hora toda esa dulzura de madre añorante del hijo que viene de lejos, se transforma en la madre de cada día que no está tranquila si no te manda algo para hacer.
Y me trago mi golpe de pena al darme la ostia de realidad y recordar que no estarás allí para recibirme.
Es muy duro, y uno nunca acaba de acostumbrarse. Tu ausencia, vuestra ausencia, duele demasiado a veces, tanto que me hace pensar que la existencia mas allá de aquí carece de valor alguno. Hay días que cuesta horrores levantarse (aunque eso nadie lo puede certificar, porque nadie sabe realmente cómo está uno por dentro).
No obstante, sé que no es así. Sé que siempre vale la pena seguir adelante; porque no tenerte/teneros en el plano físico, no quiere decir que no sigáis a mi lado, velando por mi felicidad desde un plano mas elevado. Y que probablemente desde ese plano, podréis hacerlo incluso mejor que desde el terrenal, donde como todos los mortales, teníais vuestras limitaciones.
Agradecido por todo lo que desde el corazón me habéis dado.
Perdonadas todas las carencias que pude acusar.
Feliz de ser el fruto de vuestro encuentro.
Y seguro de que en un tiempo, que espero, sea aún lejano, nos reencontraremos en forma de Luz.
Gracias por darme la vida. Y hasta siempre, madre! 


                                                                       Sonreír, abrir los ojos, amar, y seguir... 

 

2 comentarios:

Nory Arduengo dijo...

hola Sixto,
Mágnifico relato eres verdaderamente un poeta, con una sensibilidad extraordinaria.
Tu madre estaba mas qué orgullosa de tí.
Nada más que había que escucharla para oírle decir:
"Mió Sixto del alma "
Un abrazo y qué continúes así como eres.
Nory.

Sixto dijo...

Gracias Nori! Un abrazo enorme!